viernes, 15 de agosto de 2008

El mito de la creación.


Wuamachuko es un punto referencial importante de nuestra historia, tierra de mitos, leyendas, dioses, exóticos parajes, tradición, gente buena y hospitalaria, Wuamachuco es un gran cofre de tesoros para el turista exigente.

En aquellas lejanas tierras fijaron su mirada “Ataguju”(Dios creador) e inicia la leyenda con una épica trama que parte con la llegada del Dios “Guamansuri” al territorio de los guachemines, bravos que además de su valor tenían una bella hermana que fue seducida por este Dios que estuvo inicialmente al servicio de los bravos guerreros guachemines.

Al descubrir la traición a la confianza otorgada, Guamansuri fue torturado, quemado y en cenizas ascendió a los cielos a ocupar su lugar al costado de Ataguju. “Cauptaguam” la bella hermana en cautiverio muere al dar a luz dos huevos, los que trajeron a la tierra alta de Wuamachuko a dos niños que entrarían por la puerta grande en la historia nuestra: “Catequil"(el Gran Apolo) el ídolo más temido y honrado en todo el imperio, adorado y reverenciado desde Quito hasta el Cuzco, y su hermano Piguerao.

Catequil busco a“ Cauptaguam” (su madre) la resucitó. Ella le dio las hondas que Guamansuri le había dejado para él, para que pudiese matar a los guachemines. Catequil mató a muchos guachemines y a los sobrevivientes los expulsó del país. Entonces se fue al cielo. El informó a Ataguju que la tierra ya estaba libre de los guachemines y le pidió que crease a los indios para habitarla y trabajarla. Ataguju le dijo que fuese al cerro y a las altas tierras de pastos llamadas Guacat, aguas arriba de la ciudad de La Parilla de Santa. Allí ellos sacaron de la tierra a los indios usando herramientas de oro y plata.
Catequil fue venerado en la sierra norte como Dios del rayo y el trueno, poderoso, tenía un imponente templo en Wuamachuko. Se dice que el santuario fue visitado por Topa Inca, padre de Huáscar iba camino a Quito con su poderoso ejército para castigar a un hermano que se había sublevado.
Topa Inca consultó el oráculo, pregunto si seria dueño del triunfo o si moriría en la batalla, el oráculo anuncio su muerte y derrota. Topa Inca murió, el acierto en la predicción convirtió al santuario y a su oráculo en uno de los más famosos de la época. Cuando Huáscar pasó por él años más tarde, y vio lo rico que el oráculo se había hecho como consecuencia de la predicción de la muerte de su padre, se puso furioso y destruyo y quemó el templo.

Se dice que los sacerdotes de Catequil protegieron la cabeza y tres piezas del cuerpo del ídolo evitando sean destruidas. Las tuvieron ocultas en otro gran edificio, pero cuando los españoles llegaron a la región, llevaron los restos del ídolo a una cueva, en una peña muy alta. Las que fueron encontradas por los agustinos, las condujeron al pueblo, las pulverizaron y las arrojaron al rio.
El Arqueólogo Jhon R. Topic, luego de una minuciosa investigación concluye que este mito que describe la creación Wuamachuko define y la ubica geográficamente tal como existía en el tiempo de la conquista. La mayor parte de la acción del mito parece tener lugar en el territorio de la guaranga de Guacapongo, puede haber sido el lugar de la mayor parte de los acontecimientos mayores: la llegada de Guamansuri, la seducción de Cautaguan y el nacimiento (o salida del cascarón) de Catequil y Piguerao. La derrota de los guachemines por parte de Catequil tiene lugar en toda la provincia y aquellos que no mató fueron expulsados por las fronteras norte y noreste. El toponímico Cerro de Huacate que puede ser identificado con la paqarina de Huamachuco, está en el extremo sur de la provincia y en el territorio de Guacapongo.

Años mas adelante “Huamachuco ciudad” fue fundada en Agosto de 1553 según algunos historiadores, otros afirman que fue en 1554. Fueron los Agustinos que bajo el manto protector de San Agustín y la Virgen de la Alta Gracia fundan esta andina ciudad que se extendió hasta las hoy provincias de Otuzco, Santiago de Chuco, Cajabamba y Bolívar,

La muy ilustre y fiel ciudad de Huamachuco, este 15 de Agosto cumple 455 años…

aguilarluis33@hotmail.com

Huamachuco, 455 años de olvido…

La muy ilustre y fiel ciudad de Huamachuco, cumple 455 años, la tradición, las celebraciones paganas inundan sus calles, su templo retumba con oraciones y canticos de beatas, campesinos, hijos que retornan, atraídos por la nostalgia de sentir en su corazón recuerdos pasados que los años y la distancia no extinguen, desde lo alto bajan a la plaza mayor campesinos, ataviados de sus mejores prendas y las alforjas llenas, fruto de muchas jornadas de trabajo, de la venta de los animalitos, del ahorro de todo un año, por que ¡hay fiesta en el pueblo!.

Las mañanas son distintas, una travesera, una caja despiertan a propios y extraños al compas de la danza de los canasteros, los turcos con los primeros tragos de chicha, mueven difícilmente las pesadas polleras que llevan ceñidas en el cuerpo, los danzantes de la contradanza, moviendo graciosamente la cabeza ensayan una y otra vez la lucha, la coreografía que deja paralizados a quienes la ven por primera vez, y a los que no se cansan de admirarla cada día festivo al salir a sus puertas.

La muy ilustre y fiel ciudad de Huamachuco, bautizada así por el gran general José de San Martin a su paso por esta tierra, cumple 455 años de olvido, de falsas promesas, engaños de pequeños, oportunistas e improvisados políticos que efímeramente y coyunturalmente pasaron a administrar sus arcas, sin tener conciencia que en sus manos estaba el futuro de la tierra que tanto dio al Perú y el mundo.

Qué estará haciendo esta hora, mi andina y dulce Rita de junco y capulí; recordaba Cesar Vallejo al amor que dejo en las alturas mientras El, ofrenda grandiosa de Huamachuco para el mundo, escribía las paginas de la literatura universal en algún lugar del planeta (cuando Vallejo nació Santiago de Chuco era un distrito Jurisdicción de la provincia de Huamachuco).

Ciro Alegría, padre, creador del inmortal y justo Rosendo Maqui del “Mundo es ancho y ajeno”, el Prócer José Faustino Sánchez Carrión, protagonista importante en la independencia del Perú, el héroe Santiago Zavala, que con las tropas de Cáceres, entrega su vida en una de las mas importantes y emblemáticas batallas de la Guerra con Chile, muere en combate el 10 de Julio de 1883, Abelardo Gamarra, que bautizo a nuestro baile nacional con el nombre de Marinera (1879), Nicolás Rebaza periodista, fundador de periódicos como: El Liberal de Trujillo, La Balanza, El Progreso y la abeja, El poeta Néstor Gastañadui, Florencia de Mora, entre otros ilustres huamachuquinos que construyeron esta patria grande también deben ser recordados y reivindicados en la historia.

En la década de los 80 cuando el país era azotado por el terrorismo criminal, también huamachuquinos entregaron sus vidas, agitando hasta el último suspiro la bandera aprista, citamos por ejemplo a Víctor Sotomayor Cedano sub prefecto de la provincia, a Alejandro Polo alcalde de Sanagoran, a Jorge Moreno Corzo Secretario General del partido, y una extensa lista que este espacio no alcanzaría para enunciarlos, todos ellos asesinados por una traicionera bala que contenía odio, resentimiento y barbarie de esbirros que se ocultaban detrás de la mascara de la lucha social.

Un saludo del Congreso, de los que llegan a ultimo momento y a veces fechado el mismo día, demostrando improvisación, visitas espontaneas de políticos a esta tierra en busca de un baño de popularidad y en búsqueda de la foto para la nota de prensa, deben ir acompañadas de ofrendas reales y concretas no solo para rendir homenaje por un aniversario mas, sino para pagar esa gran deuda histórica que tiene el Perú con la muy ilustre y fiel ciudad de Huamachuco.

Las fotografías a full color de las autoridades de turno en vistosos programas festivos, los discursos pobres producto de la tertulia y luego de una noche de licor y baile con caja al pie del centenario campanario de la ciudad, deben ser reemplazadas por una verdadera y honesta decisión de trabajar para integrar a Huamachuco a este globalizado milenio.
Que el melancólico canto de las pallas o quiyayas no transmita engaño y olvido, y no permita que levanten las espadas y los escudos los emplumados, para reclamarle a sus autoridades que los años pasan, aniversarios vienen pero el olvido sigue, por eso las ñustas sonríen poco, los huaquillos bailan menos y el cajero entona una fanfarrea de despecho que solo la sonrisa de esa carita rajada por el frio de sus hijos puede calmar.

Que la Virgen de Alta gracia cubra con su manto esta tierra santa y que el Perú voltee a verla, después de todo los Wuamachucos, seguirán forjando este país a pesar de la ingratitud.

aguilarluis33@hotmail.com